diumenge, 31 de gener del 2010

Soledad





La noche pasada me fui a dormir porque quería que formara parte de un sueño, pero al despertar, al despertar ya no pude fingirlo más. Todo era silencio, no hubo sonido animal, ni ruido mecánico. Mi respiración acelerada contrastaba con tanta tranquilidad, eso me ponía más nervioso.

Seguramente alguna vez en la vida habrán tenido la sensación de estar solos a pesar de estar rodeados de decenas, centenas o incluso miles de personas. Porque no compartirían unas ideas, porque no encontraría afinidad con ellas, o simplemente porque le incomodaría estar ahí, contra voluntad. Pues bien, imagínense lo que sería sentir la soledad en un mundo en el que no habita otro ser vivo que uno mismo.

Sí, pensarán que estoy loco. ¿Pero es que acaso nunca han pensado que el mundo se divide en dos colores: blanco y negro? ¿Día y noche, amor y odio, alegría y tristeza, riqueza y pobreza, luz y oscuridad? Si solapas esos colores tienes un mundo gris, un mundo mediocre, el mundo que la mayoría conoce, y del que todos quieren escapar, pero no se puede. No se puede huir. La tradición nos ha enseñado que la luz da vida, y la oscuridad la quita. Que el blanco puro es bueno, y el negro absoluto es malo. Todo esto es mentira, sólo existe una verdad: Nacemos, vivimos y morimos, solos. A lo largo de nuestras vacías vidas llegamos a pensar que estamos acompañados, pero es mentira. Sólo es una ilusión, pero a pesar de ello nos hace sentir bien. Los humanos somos una contradicción: Animales sociales, a la vez que individuales, incentivadores del egoísmo primigenio.

Y no, no puedo, ni tampoco quiero maquillar el sentimiento de tristeza. Ser un Rey desterrado de vocablos afligidos no me da derecho a engañarlos. Porque, porque a pesar de contarles la verdad, de ser totalmente sincero con ustedes, al invitarles a mi hogar –la casa llamada melancolía- me tacharían de mentiroso, me humillarían pensando que ustedes no son como yo –si no mejores-, ni como les he mostrado. Sí, estoy solo. Siento que la gente ha desaparecido mientras dormía y me han dejado aquí, que alguien se ha olvidado de mí. Siento que cuánto más pienso en la soledad más ansío encontrar otra sombra, y luego me doy cuenta de que nunca la encontraré en un mundo nublado…

Porque mi mundo es gris, hace años que no sale el sol. Desde ese día que muy enfadado deseé que todo la gente desapareciera. Era joven, no sabía lo que decía –o quizás sí- y ahora aún sigo pensando que la próxima vez que despierte escucharé ese ruido que escuchaba cada mañana. ¿Saben? Eso me hizo madurar, tener tiempo para conocerme, y darme cuenta de la verdad de algunos refranes, como el de vigilar con lo que se desea porque se puede hacer realidad. ¿Saben lo peor? Que por mucho que desee que todo vuelva a ser como antes ya no queda nadie que me pueda escuchar.

Bienvenido a la Soledad

dissabte, 30 de gener del 2010

Decepción





Ayer la volví a ver, y esta vez me permitió penetrarla con mis dedos. Resultaba que no era que fuera esquiva, si no que era yo el torpe que no sabía cómo acceder a ella. La estuve tocando un buen rato, y creo que me enamoré pero, no todo podía ser perfecto. Por unos momentos, durante unos minutos antes había soñado, había sentido que volvía a tener ilusión, quizás, y sólo quizás, me había enamorado por última vez. Y esa sin razón, esas expectativas astronómicas hicieron el resto: decepción.

Apunté demasiado arriba, y es que ya lo saben, soy un soñador. El problema es que soñé despierto que nos íbamos, de viaje, y que prescindiendo del color veíamos el mundo en blanco y negro, con tonos grises y mirada añeja. Como antaño, como tantos han visto, donde tantas fantasías han vivido y tanta magia ha despertado.

El problema fue que no funcionaba, después de tantos años aparcada (26 para ser exactos) estaba atascada – concretamente el obturador-, que básicamente es el corazón de la cámara. Debo decir que no me extraña, tantos años sin amor harían mella en cualquier persona, ¿por qué no también en un objeto? La cogí con mucho cariño y disparé varias veces, pero seguía sin funcionar. Fue una pena, mi alegría se disipó, pero, sonreí, porque quería hacerlo. Porque seguía habiendo esperanza, así que decidí llevarla ante unos ojos más experimentados y unas manos más curtidas.

El señor de la tienda fotográfica tradicional corroboró lo que me temía, -obturador obstruido- y muy gentilmente me facilitó la dirección de una tienda de reparaciones. Debo decir que por el trato que recibí al salir de la tienda pensé ‘Este señor ya ha ganado un cliente’. Sin demora me dirigí a esa dirección de un pueblo colindante donde la mezcla étnica es más que aparente, se palpa en el ambiente que parece otro país apenas escasos cuatrocientos metros de mi casa.

La llevaba en mi mano, protegida por esa funda tan bonita de cuero de color marrón. La gente bajaba la vista y se la miraba, pienso yo que esperarían ver un iphone. Pero no, era algo mucho más antiguo, una joya que no pertenecía a mi generación. Al llegar al lugar, no sin antes perderme repetidas veces por esas calles en las que apenas había señales de indicación, tuve otra decepción, su horario de atención al cliente era de 10 a 1 de la mañana, y eran las siete de la tarde. Volví resiguiendo mis pasos, esperando a que volviera a salir el sol. Me acosté antes de que terminara la hora de José Mota, capítulo que estuvo bastante divertido, pero no podía más, tenía mucho, mucho sueño.

Hoy me he levantado a las siete, el primer día –después de muchos- que he dormido ocho horas del tirón, he esperado hasta las 9 y media para ir otra vez a esa dirección, estaba muy impaciente para meterle un carrete b/n y empezar a disparar, y por ser tan puntual, de nuevo, decepción. He estado esperando en una calle estrecha e intransitada casi media hora a que abrieran, tenía pipi cosa que ha hecho más difícil la demora. Finalmente cuando ya me iba tuve un presentimiento, un pálpito, sabía que pronto abrirían y antes de cruzar la esquina me volví y vi como subía la persiana de metal. La chica que atendía se había retrasado más de media hora, pero no importaba, finalmente podía acudir en busca de ayuda, la necesitaba.

Le expuse el problema, y se me quedó mirando con cara extraña. Era una chica de mi edad, morena, pelo a media melena, que aparentemente no sabía nada de cámaras, lo que me echó un poco hacia atrás, pero, ya que estaba allí la dejé para que la inspeccionaran. Me ha tomado los datos y no sin tener mis reservas me he ido de allí – 20 euros para revisar algo que ya sé que no funciona y también el por qué me parece abusivo, pero qué se le va a hacer-. Ahora, sólo queda esperar.

Esta fotografía la he sacado momentos antes de llevármela al servicio de reparación. Es muy bonita, ¿verdad? Sé que no era el modelo más completo, pues no tiene exposímetro de selenio pero, no voy a quejarme ahora. Es mía – o espero que lo sea-, y espero inmortalizar muchos momentos con ella. Tiene un no sé qué, tiene sus años, es más mayor que yo, así que voy a tratarla con mucho respeto – aunque sin llegar al usted-.

divendres, 29 de gener del 2010

Apathy





Hace días que no le daba al botón derecho, crear, nuevo documento de Word. Lo que durante temporadas se había convertido en una rutina, un oficio, una pasión, ahora no lo echaba de menos. En verdad, ¿quién echa de menos trabajar? Si aunque adores tu trabajo por omisión se convierte en una obligación, y creo que eso no nos gusta. Digo creo porque, no hay verdades absolutas. Habrá quien disfrute, habrá quien goce como un loco levantándose a las siete para repetir mecánicamente lo mismo cada día, y digo también, habrá que ser idiota para autogestionarse de esa forma. (Ya van dos veces que el cigarro se ha escapado del cenicero directo a mis pantalones, el cual ha dejado un rastro de ceniza considerable, manchando todo el camino hacia estos, aunque lo positivo es que no me he quemado, ¿habrá una tercera?)

El tema de hoy es la apatía, y siento no ser más cultivado y llenar este texto de palabras rimbombantes y florituras literarias, a decir verdad soy un mediocre –como vosotros-, pero yo me salvo, porque tengo un botón de genialidad en la entrepierna. Un don divino que escasea, y no me seáis malpensados, por favor, hablaba de mi vejiga. Es tan grande, la tengo tan enorme que puedo pasarme horas follando sin tener que ir a mear (¡es la hostia!)

Cuando saturamos una fotografía se pierde la realidad, y a veces cambiar el cristal con que miramos las cosas no es nada productivo, porque hay quien busca la verdad del mundo, -básicamente los idealistas-, es gente patética que lucha por algo que no existe. A día de hoy, la saturación es una constante empírica, actualmente hay demasiado de todo, y los estúpidos indecisos –en los que me incluyo- tienen muchos problemas para enfocar bien - incluso con un objetivo de 24 puntos.

Desde que nacemos llenamos nuestro hipocampo y amígdala –donde albergamos una base de datos en una zona profunda del cerebro- con miles de imágenes y recuerdos. Me asquea mucho que haya tanta diversidad, porque como dice el refrán: ‘quien mucho abarca, poco aprieta’, y es verdad. Envidio a los ignorantes, a los paletos de pueblo que sólo ven una tía a la semana, y que pueden enamorarse en una milésima de segundo de otra paleta, con un bigote más espeso que el suyo y unas axilas que poco tienen que celar a las de un simio. Envidio sentir la novedad, esa sensación que te despierta y te hace sentir especial, en una nube – no importa de qué color, aunque normalmente son azules-. Envidio tantas cosas que no las podría listar, porque en mi mediocridad va incluída la mala estructuración que hago de TODO lo que escribo.

Estoy saturado de letras, de pensamientos, de canciones. De series, de películas malas –de cojones-, de pedantería gratuíta. Estoy saturado de tetas, de coños y de culos peludos (usen la chuchilla, hoygan). Estoy, yo qué sé como estoy. ¿Dónde ha quedado la ilusión de bajar el nuevo episodio de X serie? ¿Dónde está la emoción de esperar una semana para tocar por encima del sujetador? ¿Dónde queda…? Nos están saturando, tanto, para que no podamos pensar ni valorar lo que tenemos –y hemos tenido-, para que busquemos más y compremos –más caro, que no siempre mejor-. Estoy saturado, ¿Estoy enfermo? No encuentro ningún panfleto de saturados anónimos. ¿Alguien está saturado? ¿Debo ser más explícito? ¿Inocencia? ¿Es una palabra o un sentimiento? ¿Cuánto vale? ¿No hay stock? (Mierda, sólo quedan de segunda mano.)

Apatía, que en catalán podría deconstruirse como: ‘Venga, tía’. ¿Venga de qué? ‘¿Vamos a la cama?’ “-Sí, pero ponte goma.” “-Buffff, ¿Y cuál me pongo? Normal, pequeña (ni de coña me entraría), extra grande, con retardante, con estrías, de sabores, de colores, abre fácil, lubricado –por si no se moja-, iluminado –por si eres cegato-, con rotura –para darle más emoción. Bueno, ya se me han quitado las ganas, mejor follamos otro día.”

Devolvedme la magia, hijos de puta. Devolvedme lo que me pertenece, desenchufad a todos los que están conectados y dejarles vivir, respirar, sentir, sufrir. No mola, no mola, no mola nada. ¿Por qué nadie anda a mi lado? ¿Por qué vais corriendo a todas partes? Pisáis, empujáis, hacéis daño, no miráis atrás, no sabéis ni quiénes sois, os teméis, y corréis más rápido, dejad de escapar porque, aunque pongáis la curva de color a la derecha, habrá quien corrija automáticamente el balance, y luego, luego estaréis perdidos, porque el cielo será azul, y veréis pasar la gente a la velocidad de la luz, y sentiréis que no podéis correr, porque estaréis muy tristes, pero miraréis ese cielo; azul, y algo renacerá dentro de vosotros, y haréis algo mágico, sonreír.

Seguidors